lac movilidad
25
septiembre

Una mirada al eterno problema de la movilidad en Granada

Terminada la semana de la movilidad, llena de propuestas y de reivindicaciones, Granada vuelve a su realidad de caos en sus calles. Marcada todavía por el impacto de la puesta en marcha de la LAC y de lo que será un metro (o algo que se le parezca) no sabemos todavía cuándo, el ciudadano se mueve como puede, o como le dejan, no sabemos bien.

Los datos sobre movilidad en la ciudad y en la provincia de Granada no son muchos; ni Transportes Rober, ni la página de movilidad del Ayuntamiento de Granada, ni el Consorcio de Transportes del Área Metropolitana tienen una política de transparencia de datos sobre el uso de viajeros, líneas, frecuencias, quejas o muchos otros datos que seguramente darían información suficiente sobre el uso de los servicios de transporte público, a pesar de que, por ejemplo, Rober cuenta con un sistema de información en tiempo real, que no obstante carece de interés estadístico, al no quedar recogido en documento alguno que pueda ser analizado posteriormente para su estudio.

Obtener datos sobre el uso del transporte público se convierte en un trabajo de artesanía que debería estar resuelto, como ya lo hacen en Madrid o Barcelona, por poner un ejemplo; son datos cerrados, como muchos otros catálogos de datos que tiene la administración en su poder y deja escondidos en sus archivos. Más allá de que puedan ser proporcionados bajo petición, desde Granada en datos siempre defenderemos una política de transparencia.

Los granadinos no confían en el transporte público

Dos de cada tres granadinos prefieren desplazarse a pie. Solo para el 13,3% el autobús es su primera opción

Ante la falta de una radiografía de uso actual por parte de los usuarios, he decidido echar una mirada atrás, y ver cómo dijo el ‘Estudio de Opinión de la Percepción Social de la Movilidad en Granada‘ que éramos los granadinos hace un par de años. No parece que hayamos cambiado mucho en nuestros hábitos, así que les refrescaré la memoria. Este estudio, enmarcado en el Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Granada, nos retrata a los granadinos de la capital como usuarios perezosos a la hora de coger el autobús. Para un 65,5 % de los granadinos, la primera opción para desplazarse es la de ejercer como peatón en la vía pública, mientras que para solo el 13,3% de los ciudadanos el transporte público es la prioridad.



Estos datos tendrían disculpa si no fuera porque el 17% de los granadinos hace uso del transporte privado como primera opción, superando así a los que eligen el autobús urbano. Que casi dos de cada tres granadinos opte por ir a pie, puede responder a varias razones; primero, a la de vivir en una bonita ciudad, que invita al paseo y con distancias relativamente cortas; segundo, la que en ocasiones muchos hemos experimentado, de ir andando más rápido que el autobús. Pero esto es lo que los granadinos dicen hacer, porque en sus preferencias de uso, es decir, lo que les gustaría usar, el transporte público está por encima del privado.

El desplazamiento entre barrios provoca un mayor uso del coche privado

Cabe, por tanto,  la duda razonable de saber si el granadino prefiere desplazarse en transporte público, pero ante el deficitario funcionamiento ofertado, opta por coger su coche. El análisis de los hábitos de los conductores privados del estudio analizado, ofrece muchos datos interesantes. El comportamiento dentro de la ciudad permite fijarse en determinadas curiosidades. Son más los granadinos que se desplazan a otros barrios en coche propio (54,4%) que los que lo hacen en autobús. Y no parece que la nueva LAC haya contribuido a mejorar este aspecto, aunque el autobús es preferido frente al coche cuando el desplazamiento es al centro o a zona de ocio.



Atendiendo a los motivos de su decisión, los granadinos usan más el transporte privado que el público en cuatro casos: por trabajo y estudios, para hacer compras, para viajes largos, y por falta de alternativas, algo que de alguna manera pone en el disparadero la gestión de la movilidad.

Fuera de la capital todo se complica aún más

Solo dos de cada diez granadinos prefiere el transporte público para su desplazamiento al área metropolitana

Hay más datos que invitan a pensar que alrededor de la capital todo es más complejo. El primero es que el 85,4% de los ciudadanos que se desplazan a la periferia, lo hacen en coche. Solo el 15% creen que el transporte público es mejor opción, de modo que no llegan a dos de cada diez los que lo hacen en transporte público. Las combinaciones se reducen o se vuelven más complejas… Pensemos en la gymkana que debe superar, por ejemplo, una persona que viva en un pueblo como La Zubia y trabaje en el polígono de Juncaril. ¿Cuántas horas de su vida gastará desplazándose, simplemente para trabajar?

El transporte metropolitano, en todo caso, ofrece respuestas ágiles entre ciertos corredores y la capital, lo cual es insuficiente en un área metropolitana de más de medio millón de habitantes, en la que la periferia congrega a más ciudadanos que Granada capital. Todo se complica en las conexiones entre municipios. Valga el ejemplo de que para desplazarse entre dos localidades que no distan entre sí más de cinco kilómetros, como Santa Fe y Atarfe, ambas con más de diez mil habitantes, hay que pasar por Granada capital y coger dos autobuses diferentes, con un tiempo mínimo de trayecto de 45 minutos.

El transporte metropolitano redujo su número de viajeros en los últimos dos años

Lo cierto es que el transporte metropolitano ha reducido su número de viajeros a cifras similares a las de 2005. Es probable que el contexto de crisis económica tenga mucho que decir, evidentemente, pero esto no deja de ser una hipótesis más, sin saber qué peso tiene en esta reducción de viajeros. 2013 fue el segundo peor año de los últimos nueve, lo que provoca muchos interrogantes.



Muchas propuestas, escasas soluciones


Evidentemente, las respuestas de movilidad para muchos ciudadanos no son buenas, y en ello tratan de profundizar documentos como el Plan de Movilidad Sostenible de Granada, un estudio complejo con multitud que propuestas, que en todo caso exigen inversión y convicción. Los estudios y los análisis están ahí… Parece claro que soluciones hay; otra cosa es ponerlas en marcha.



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